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El rockero Pedro Suárez Vertiz afirmó la semana pasada, en TV, que quienes “cantan música criolla, solo tendrán chamba en Fiestas Patrias”. Ante ello, conversamos con compositores y conocedores del género para saber cuál es su futuro.

Escriben Juana Gallegos y Raúl Mendoza

En 1971 se realizó el último Festival de la Canción Peruana. Se hizo en el Teatro Municipal y las doce canciones finalistas llegaron hasta esa gala después de ser elegidas entre más de mil composiciones. Canal 5 lo transmitió en directo como parte de los festejos del sesquicentenario de nuestra independencia e incluso los temas fueron escenificados -en base a la letra- por reconocidos actores.

Don Jose Escajadillo, hoy presidente de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (Apdayc) recuerda que entonces la música criolla vivía un gran momento. “Imagínate que entre los finalistas estuvo Si un rosal se muere de Juan Gonzalo Rose, Jamás impedirás y Color noche, que eran composiciones mías, Bandida de Francisco Quiroz, o Soledad sola de Alicia Maguiña. Todos fueron éxitos después”, dice.

Hoy esos tiempos han cambiado. No hay festivales de música criolla, no existen más las disqueras que respaldaban el trabajo de artistas y compositores, y los medios donde se pueden mostrar nuevas canciones no brindan el espacio necesario. El maestro Escajadillo, autor de algunos temas clásicos del cancionero peruano, dice que hay mucha gente joven haciendo música criolla pero hoy es escaso el apoyo mediático que se le brinda al género.

De los nuevos compositores, a él le gustan Carlos Rincón -que ganó el Festival de Viña del Mar hace unos años con el vals Juramento-, Eduardo del Perú, Willy Pazos, Jorge Luis Jasso, Ronny Zuzunaga, Marco Romero y algunos más que ya gozan de un reconocimiento conseguido con mucho trabajo y le aseguran una continuidad al género criollo.

Conversamos con el compositor chiclayano a propósito de lo que dijo el rockero Pedro Suárez Vertiz a un concursante de un programa de canto en TV: que si cantaba musica criolla, solo iba a tener chamba en Fiestas Patrias.

¿La música criolla se extingue? “La música criolla tiene sus propios espacios, las peñas, los centros musicales y más. Y ahora que vamos camino al Bicentenario más bien se debe pensar en cómo darle nuevo impulso al género”, dice Escajadillo.

Apdayc, por lo pronto, se propone anunciar en agosto próximo el lanzamiento de un nuevo festival de música peruana a nivel nacional, con la finalidad de dar a conocer nuevas canciones y nuevos intérpretes. Y que los nuevos compositores tengan una vitrina donde mostrar su trabajo. Después habrá que asegurarse de que los temas ganadores tengan difusión.

“Ya es hora de que muchos discos, realizados con mucho esfuerzo, no queden en una visita a una radio o un canal, y después nada”, comenta el autor de Que somos amantes. Luego recuerda que antes, hasta los 80, había 16 festivales anuales de música, pero todos desaparecieron.

Aún late el pasado

“Yo invitaría a Pedro Suárez Vértiz a darse una vuelta por varias peñas donde de lunes a domingo se canta y se jaranea música criolla”, dice con el pie en alto el periodista musical, Luis Cáceres, que a sus 20 años conoció tempranamente lo que es desvelarse con guitarra, cajón y la compañía de buenos amigos, que es la escencia del criollismo, remarca.

Este estudioso de la música heredada de Chabuca Granda, señala primero que hay dos circuitos en los que se cultiva este género: el oficial y el subterráneo.

En el primero se cantan los grandes hits de toda la vida, los repetidos hasta el cansancio Y se llama Perú (sobre todo en Fiestas Patrias), y Perú Campeón (cuando juega la selección), por poner ejemplos. Aquí encontramos a Eva Ayllón y compañía, músicos que representan a ese género “símbolo de la peruanidad”, y al que una gran parte de peruanos veneran como al ceviche. Si alguien osa menospreciarlo, se le irán encima porque “representa la identidad de la nación”. Por eso, a muchos les dolió lo que dijo el rockero.

Sin embargo, hay otro espacio en el que el género late de una forma menos masiva. Es el circuito subterráneo. Aquí pervive un criollismo que se siente como si de una religión se tratase. La intención no es encontrar nuevos valores y grabar y vender discos, sino trasmitir un género de letras tan sentidas, menos conocidas, de viejos a jóvenes.

“Porque sí hay jóvenes -dice Luis- que quieren rescatar las letras de compositores que no tuvieron espacios en los medios tradicionales como Manuel Acosta Ojeda, Pedro Espinal o Pablo Casas. Y además hay jóvenes que también componen”. Y hay jóvenes que frecuentan las peñas a donde Luis invitaría a Pedro Suárez.

“Empezaría por La catedral del criollismo, una casa de Breña que desde hace catorce años abre sus puertas todos los viernes del año para jaranear. Luego lo llevaría a la casa de Las Hermanas López en Lince, y seguiríamos por el Centro Social Musical Cultural Breña, un templo del criollismo, y de ahí iríamos a La Peña del Inca en el Rímac, y al Centro Musical Barrios Altos que está a una cuadra de la Plazuela Buenos Aires, donde se proclamó el Día de la Canción Criolla. Y está también el Vallejos Bozzo y el Cabeza de Piedra…”.

Si nos damos una vuelta por esos rincones podríamos escuchar a las nuevas voces, como Renzo Gil, Ricardo Panta o Carlos Hidalgo. “Hay gente que se cree forense y declara muerto al criollismo pero ahí están las nuevas composiciones”, dice Cáceres.

El lingüista, investigador de la música peruana y cantante criollo en sus tiempos libres, Fred Rohner, en cambio, le da cierta razón a Pedro Suárez: “Lo que dijo es provocador pero no es del todo irreal […] le exigimos mucho a la música criolla, queremos que se mantenga viva, pero resulta que sus intérpretes, que nacieron en la década del veinte, están muertos. ¿Quién queda? ¿Qué música que se haya forjado en el siglo XIX, y que haya tenido su auge en la década del cincuenta, cuando Los embajadores criollos llenaban auditorios, puede estar viva y coleando ahora?”, dice.

Para el académico hay un error de percepción cuando creemos que la música criolla representa a todos los peruanos. Según la última encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP, el 40.6% de los peruanos escucha cumbia, y en Lima y Callao, el género que mueve más espíritus es la salsa (48%).

“Decir que todos los peruanos se identifican con la música criolla en el fondo esconde un racismo, un centralismo y hasta un regionalismo muy marcado, pues es un género netamente limeño y de una parte del norte del país”, añade Rohner.

Él es un cultor del género, que visita con frecuencia las peñas y que canta, pero no con la solemnidad con la que se entona el himno nacional sino con el sentir de alguien que se sabe miembro de una cultura viva que se renueva con el tiempo. Muchos de los músicos jóvenes ya no graban discos, incluso, sino publican sus canciones en Spotify.

La cantante Nicole Pillman, por ejemplo, lanzó su disco Herencia con temas propios y en varios formatos el 2017. Sobre lo dicho por Suárez Vértiz comentó hace unos días que la música criolla se reinventa.

“He visto y oído a gente joven interpretando a su estilo los clásicos y a muchos otros escribiendo nuevas canciones. La música peruana es rica, profunda y puede ser igual de comercial que el pop u otro género. Por ejemplo podrían escuchar Yo te quiero, un vals criollo que Mon Lanferte escribió e incluyó en su último disco La Trenza”, dijo.

Para el periodista especializado en música Agustín Pérez Aldave hay muchos compositores y artistas que cultivan el criollismo y le han dado toques modernos. “Es el caso de Novalima, que hace fusión, o Cosa Nuestra, que ha mezclado lo criollo con la salsa. Incluso alguién tan conocido como el español Enrique Bumbury grabó el vals Ódiame”.

También dice que hay compositores mayores que tienen temas poco conocidos que deberían difundirse. Sobre el tema, José Escajadillo nos dice que hace poco se registraron temas nuevos de Polo Campos y Alejandro Lara. “Yo mismo, sigo componiendo”, culmina.

 

Fuente: LaRepública.pe

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